Vestimentas sagradas

Los Grandes Maestres de la Orden de San Juan donaron diversos juegos de vestimentas litúrgicas a su iglesia conventual. Dichas prendas habían sido utilizadas durante importantes celebraciones litúrgicas y ceremonias.

Los inventarios de la Orden recogen trece juegos de vestimentas donadas como regalo. Las prendas fueron realizadas en seda satinada, bordadas de forma compleja con hebras de seda de numerosos colores, además de hebras de oro y plata. El color de las vestimentas se elegía según el tiempo litúrgico, añadiendo un significado simbólico a la liturgia.

El conjunto donado por el Gran Maestre Nicolás Cotoner está profusamente bordado con motivos florales, muchos de los cuales tienen un significado simbólico. Los ornamentos a base de flores bordadas fueron una forma de arte surgida durante el periodo barroco, cuando se fomentaban las ornamentaciones ostentosas en señal de adoración de la Eucaristía.

No se expone.

Libros Corales

Estos manuscritos relatan la primera parte de la estancia de los Caballeros en Malta. Son, de lejos, los libros corales más bellamente realizados de la isla. Existen tres grupos, todos ellos regalos de diversos Grandes Maestres.

Los Graduales de L’Isle Adam

El mayor y más importante grupo consta de diez libros corales iluminados. Fueron un regalo para la iglesia, del Gran Maestre Philippe Villiers de L’Isle Adam, quien reinó entre 1521 y 1534. Suelen mostrar su escudo de armas. Este tipo de libro coral recibe el nombre de gradual, y consiste en cantos para la misa de la iglesia católica romana, realizados para acompañar el servicio.

Cada libro coral libro incluye iluminaciones pintadas a mano de excepcional belleza, cuyas hojas de fondo dorado añaden magnificencia. Estas espléndidas miniaturas (así se llaman, dados sus diminutos detalles) reflejan la tendencia artística del momento.

Antifonarios de Verdalle

Se denomina antifonarios al conjunto de libros corales que llevan el escudo de armas de Gran Maestre Verdalle. Contienen las partes cantadas del oficio divino (las secciones musicales utilizadas durante los servicios diarios, en las diversas horas canónicas del día que no se recogen en los graduales).

Los antifonarios de Verdalle son siete e incluyen el Propio y el Común de los santos. Están realizados en pergamino y presentan diversas iniciales iluminadas.

Antifonarios de Antonio de Paula

La colección del Gran Maestre Antonio de Paula consta de dos manuscritos en pergamino. Son antifonarios para el ciclo temporal del año eclesiástico.

No se expone.

Relicario de la mano de S. Juan Bautista

Este relicario dorado se fabricó para contener la reliquia de la mano de S. Juan Bautista. Fue la reliquia más preciosa de la Orden, por tratarse de la mano que bautizó a Cristo en el río Jordán.

La custodia, encargada en 1686 por el italiano Gran Maestre Gregorio Carafa, está realizada en bronce dorado con adornos de plata. Fue fundida en Roma por Ciro Ferri, escultor cuyo estilo se vio influido por el alto barroco imperante en la época.

El diseño consiste en una cámara cilíndrica acompañada por dos ángeles. Los dos querubines la soportan sobre un frontón decorado con hojas de acanto plateadas. Entre dos festones de laurel puede observarse el escudo de armas del Gran Maestre. En sus orígenes, el relicario se colocó sobre el altar del oratorio.

No se expone

Cristo el Salvador

La imagen de bronce de Jesucristo fue encargada a Alessandro Algardi, escultor boloñés que trabajaba en Roma, y costeada por el Caballero Fray Alessandro Zambeccari.

La estatua data de 1639 y en sus orígenes se instaló en un gran nicho individual, en el Gran Puerto de Malta.

Originalmente, la imagen de bronce era mayor y Cristo sujetaba un globo terráqueo en una mano mientras elevaba la otra en señal de bendición a quienes llegaban o partían del Gran Puerto. En el S. XVIII la escultura fue modificada y colocada sobre el frontón de una capilla en el muelle. Esta capilla, dedicada a Nuestro Salvador, contaba con un parlatorio de cuarentena directamente conectado con el borde del agua mediante un pasadizo sumergido, para uso de los marineros que realizaban su periodo de cuarentena a bordo de los barcos. Descrita por Ferris como una bellísima escultura en bronce y altorrelieve, la obra se colocaría posteriormente en la fachada de la iglesia de San Juan.

No se expone.